martes, marzo 07, 2006

Vaivén...





Difícil es despedirse, con los brazos atados a la cintura adversaria y el perfume de un beso en escampe; con la promesa del regreso en la punta del dedo anular en el último movimiento adiós de la mano; con las cejas fruncidas por el esfuerzo para distinguir el cuerpo que se aleja, el cuerpo que calentó una noche aturdida, llena de exhalaciones románticas y entremeses sensuales...

Despedirse para volver a una atmósfera sintética, programada en sus vaivenes para controlar la rebelión inquieta del ser inconforme con la hogaza de pan que le reparten, con las normas absurdas que le dictan desde el pulpito o el estrado, normas que encadenan la voluntad en cavernas ocultas a la razón...





Inflamadorate Marzo 2006...

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4 comentarios:

Juan Carlos Vallejo dijo...

Dejar el infierno o el paraíso es igualmente insoportable para aquel que la vida se mida en la intensidad antes que en la duración de los relojes, para quien vive en la duración de la intensidad y dormita el resto del tiempo, como una sombra abandonada en un espejo al que nadie mira y que nada ve.

Inflamadorate dijo...

Gracias camarada Vallejo por sus palabras, en verdad, creo que no podría expresar esa idea mejor...

Saludos del espejo...

El Enigma dijo...

.. una despedida es el letrero de "proximamente" un re encuentro, solo basta ver las cosas de manera diferente.

Saludos

El Enigma
Nox atra cava circumvolat umbra

Inflamadorate dijo...

¡Claro camarada Enigma!, siempre es cuestión de perspectiva, por ello todo termina con puntos suspensivos...

Saludos...